viernes, 29 de agosto de 2014

La Educación   Es un fenómeno complejo atravesado por múltiples aristas y en consecuencia es abordado investigativamente por diversas ciencias y en cada una de ellas desde diferentes perspectivas epistemológicas y metodológicas. Las reflexiones que a continuación propongo se enmarcan dentro de lo psicológico y específicamente en el nivel subjetivo individual.
El objetivo principal de esta propuesta es dirigir la atención hacia la necesaria reconstrucción de la educación rescatando su perspectiva liberadora del individuo y poniendo énfasis en su carácter preventivo como preparación para la vida. En tal empeño resulta esencial propiciar una práctica educativa que privilegie en su actuación el desarrollo de la afectividad del sujeto y la formación de sentidos subjetivos a través de la experiencia
En la sociedad se operan múltiples procesos que transforman a sus miembros, que modifican su personalidad, sus modos de actuación y en general su vida. La educación es uno de estos procesos. A mi juicio, su rasgo distintivo es que los cambios que produce en los individuos, son socialmente deseables, responden a los intereses cardinales de las clases que tienen el poder real, o sea el económico y el político. Numerosos son los sujetos sociales (personas, grupos, organizaciones, instituciones, etc.) que participan en la educación.
No toda transformación socialmente deseada, transcurre en condiciones formalizadas, dirigidas, institucionalizadas. Cabría preguntarse si es educación o no los cambios que se operan en la conducta del joven como resultado de su deseo de ser bien valorado por su amada y que no se lograron mediante un currículo, ni a través de actividades docentes concebidas en la escuela.
Las tradiciones, las normas de funcionamiento de algunos grupos, la formación de la opinión pública, entre otros, son ejemplos de fenómenos educativos que surgen bajo cierta espontaneidad. Con ello sólo quiero llamar la atención sobre aquella parte de la educación que no es formalizada, institucionalizada o escolarizada, pero que sí responde a los ideales sociales vigentes y resultan socialmente deseadas.
Cabría también delimitar el alcance, en términos de influencia social (procesos socializadores) de la educación y la pedagogía. Las influencias educativas son aquellas que promueven cambios en la personalidad de los educandos en un sentido socialmente deseado. Las mismas pueden tener un carácter formal e informal, espontáneo o planificado.
Sin embargo, las influencias pedagógicas, son aquellas que transcurren en un marco institucionalizado, son dirigidas, planificadas, controladas, evaluadas, etc. Tal distinción, en momentos en que hay reconocimiento creciente del carácter selectivo y activo del sujeto, permite comprender como en no pocas ocasiones algunas influencias pedagógicas fracasan, ya que no comprometen al sujeto, que sí resulta sensible, orientado y selectivo a influencias sociales no educativas. F. González (1997) ha aportado una categoría psicológica que permite explicar este fenómeno, me refiero a lo que él denomina unidad subjetiva de desarrollo.
Determinados vínculos del sujeto con otras personas u actividades, llegan a alcanzar un alto grado de significación para el sujeto, comprometiendo sus motivaciones e intelecto, condicionando su orientación, selectividad y sensibilidad a sus influencias. Cuando esto ocurre en una dirección socialmente deseada estamos hablando de educación.
En tanto resultado, la educación también resulta un problema complejo. Al nivel del sujeto individual se destacan muchas aristas a considerar: qué indicadores tomar, cómo evaluarlos, ¿dónde se expresan los resultados de la educación: en las estructuras, en las funciones o en los contenidos? ¿Cómo lograr la estabilidad y la fijación de las cualidades personales y comportamientos educados?
No se trata de meras cuestiones teóricas y especulativas, son también problemas prácticos concretos, con los cuales se enfrentan los educadores cotidianamente. En la solución de cada uno de estos problemas a la psicología le corresponde un lugar especial.
Una de las tareas más importantes consiste en la traducción educativa del inmenso caudal de conocimientos psicológicos acumulados en las diferentes ramas del saber psicológico
La educación como proceso y resultado.
El predominio de la concepción cognitivista de la educación ha conducido a la hiperbolización del alcance del aprendizaje como mecanismo socializador. Esta es una tendencia recurrente en las ciencias. Es la creencia en que todo puede ser explicado por un solo principio, desde una sola categoría.
Parecería que como proceso, la educación se reduce a un problema de aprendizaje, al respecto resulta ilustrativa la siguiente idea de Álvarez de Zayas, R. M.: "Desde otra perspectiva, la de los sujetos, alumno y maestro, el problema de la educación se concreta primordialmente en el proceso de aprender y enseñar, en el que se sintetiza todo proceso educativo" (1997; p. 13)
Con independencia del contenido de las definiciones que los diferentes autores dan al aprendizaje, su comprensión y su implementación práctica se reduce a conocimientos hábitos y habilidades, quedando fuera otros componentes de la subjetividad como los procesos afectivo-motivacionales.
El aprendizaje significativo entiende la significación como el modo en que los nuevos conocimientos se entronizan con los ya existentes. Lo significativo no está dado por el modo en que se vinculan con las necesidades y motivos del sujeto, sino con los conocimientos precedentes, con lo que queda atrapado dentro de los límites cognitivistas.
No es casual que en la literatura psicológica y educacional contemporánea, el paradigma cognitivo conductual y el constructivismo sean prácticamente dominantes. Ello tiene condicionamientos económicos y políticos muy concretos.
Las corrientes cognitivitas contemporáneas sustentadas en el idealismo subjetivo kantiano y el positivismo, precisamente propugnan un hombre que reacciona no ante la realidad que refleja, sino ante una construcción subjetiva de esa realidad, un hombre que no se relaciona con la realidad objetiva, sino con una realidad virtual, simbólica.
Para este tipo de hombre y de acuerdo con estas teorías, los valores son una construcción intelectual que se aprenden, que se construyen subjetivamente. De esta afirmación se infiere el carácter manipulable de la formación de valores.
En ausencia de una valoración crítica de las consecuencias ideológicas de las teorías cognitivitas y en interés de concretar la concepción cubana de la clase como el momento educativo fundamental del proceso, hemos caído en posiciones inconsecuentes con los fundamentos psicológicos de orientación marxista.




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